Hoy inauguro la inevitable sección musical y como no hay nada mejor que un ejemplo para que, en días espesos como hoy, (la gripe, y las salidas nocturnas que la complican, siguen haciendo mella) sea capaz de transmitiros mis más profundas intenciones. O no tan profundas: lo que empezó como un casual reencuentro con The New Creatures, poemario de Jim Morrison, acabó siendo una recuperación en toda regla de los discos de The Doors, así como de las múltiples entrevistas y artículos que pululaban por mi casa.
The Doors son (y serán) ese grupo mitificado o menospreciado, pero siempre de revisión defectuosa, ya sea por exceso (Oliver Stone y su discutible y, en muchas ocasiones, risible biopic del 93 o los masturbatorios y anquilosados artículos de Rolling Stone) o por defecto (la crítica “sesuda” o los repasos made in RockDeLux, unos tipos que o escuchan los discos a punta de pistola o sufren una disfunción emocional severa).
Mi visión no es ni mucho menos más acertada. No se trata de sugerir que yo sí he sido capaz de desentrañar el misterio de The Doors, mientras otros fallaron miserablemente. Pero amigos, no olviden que este es mi blog y aquí puedo explayarme y hacerme el listillo diciendo que la mayoría de lo escrito sobre los angelinos es, básicamente, puta mierda. Como todas las perspectivas históricas que pretendan sentar cátedra de algo tan subjetivo y, sobretodo, instintivo como la música. Repito, algo instintivo, arcano y tribal, en absoluto cerebral o intelectual: por algo el ritmo habita este mundo.
(Término técnico, descarrilamiento: no sé si aún merece la pena hablar de la burda intelectualización del arte, creo que después de la lección de El Gañán en su “El Arte, ese mundo de sinvergüenzas” está todo dicho; échense unas risas en YouTube).
Siendo serios, me parece necesario ajustar las coordenadas de este post y los que vengan en el futuro, acogiéndose a esta sección o similares. La idea es evitar las actitudes anteriormente citadas; ni revisiones históricas ni peroratas dogmáticas. En la medida de lo posible, trataré de ser fiel a mi intención: expresar lo que un grupo y un disco en concreto significan para mí, enlazándolo con experiencias vitales de lo más dispersas. Ni menos, ni más. Y si alguna vez caigo en el error del crítico sentencioso, atribúyanlo a mi falta de pericia como escritor, nunca a la intención de adoctrinar.
Tómenlo como meras recomendaciones y anécdotas de un enfermo musical como soy yo, porque, en realidad, no difieren mucho de los ladrillos que podría soltaros delante de un café o una cerveza. Aunque me encante hablar de música, escucharla es aún mejor. Y como el sexo, sabe mejor en compañía.
P.d.: el primer post "real" de la sección llegará en breve. Evidentemente, no pueden abrirla otros que no sean The Doors.
Suena: Xhelazz con Violadores del Verso - Sólo importa el rap